La mayordomía integral

David, aunque ya había sido ungido rey de Israel por el profeta Samuel, era un fugitivo porque el rey actual, Saúl, lo buscaba para matarlo y evitar que lo sucediera en el trono. David y sus 600 hombres (v.13) estaban hambrientos y cuando oyó que Nabal estaba cerca trasquilando sus ovejas, envió a 10 de sus hombres a pedirle comida. Nabal, cuyo nombre significa “estúpido” (v. 25), se negó y ofendió a David (v. 10-11). 

En vez de recibir las noticias con un espíritu sobrio, el futuro rey David se encolerizó y juró matar a Nabal y a todos los hombres de su casa (v..21-22). Esto incluía familiares y esclavos, personas inocentes que ni siquiera sabían de lo sucedido. La labor de un siervo de Nabal y de la esposa de éste, Abigail, fue fundamental para evitar un derramamiento de sangre (v. 14-35). Cuando Nabal supo lo que su esposa había hecho a sus espaldas, tampoco se controló y le dio un ataque que lo llevó a la tumba (v. 37-38.) 

Si hablamos de una mayordomía integral, debemos ser fieles administradores de todos los aspectos de nuestra vida y de lo que está a nuestro alrededor. Podremos administrar bien nuestras finanzas, cuidar de la creación, tener una familia unida, pero controlar nuestras emociones puede ser una de las tareas más difíciles de cumplir. En Colosenses 3:8-14 encontramos los consejos del apóstol Pablo para hacer morir “la vieja persona” y mostrar los frutos de una “vida nueva”. 

Solo así se evitarán los conflictos, los malos entendidos que pueden llevar a romper relaciones y hasta guerras sin sentido donde mueren miles de personas inocentes. “En cuanto dependa de ustedes, estad en paz con todos los hombres”, nos dice Pablo. También nos dice que en todo lo que hagamos glorifiquemos a nuestro Padre (Col. 3:17). El Señor Jesús nos dice: “Por sus frutos los conoceréis”. Que nuestro comportamiento sea conocido por ser pacificadores, sobrios, que dominamos nuestras emociones. Amén. 

— Hna. Dámaris Albuquerque Miembro IB Filadelfia
Renovación Año 4 – Edición 39