Amor de madre y amor de Dios

     Pero cuando hablamos de amor, entonces tocamos una realidad muy cercana a todos nosotros y nos encontramos con el amor que proviene de Dios y que lo inunda todo.    

     Muchos han visto en el amor de las madres el reflejo más vivo del amor de Dios, y no andan lejos, sólo que en ocasiones este amor materno está tan contaminado por otros elementos, que a veces empañan un poco la idea que tenemos de ese amor sublime que todos deseamos, el único en el cual podemos encontrar la felicidad.

        El Lic. Guillermo López Aguilar, de feliz memoria, decía que  el remedio a todos los males está en manos de la mujer. Porque si una  madre cría hijos felices, éstos serán buenos ciudadanos en los cuales no es posible que aniden la maldad y la delincuencia. Pero la mujer sólo puede ser feliz, si el hombre que ha elegido como compañero sabe darle  elementos para que ella sea feliz.

     Por eso,  lo primero qué hay que hacer es comenzar por que  que no haya madres que sufren, mujeres solas, madres solteras. El mayor empeño social tendría que enfocarse a salvaguardar la maternidad, para que  la juventud se dé cuenta de lo que implica tener un hijo y la responsabilidad que conlleva. No es lo mismo casarse que no casarse, buscar el placer que cultivar el amor.

Tener claro que la sexualidad tiene muchas implicaciones pero que la relación de pareja es una invitación de amor a ese ser nuevo que se llama hijo, al cual se le debe mucho, pero sobre todo la felicidad, que empieza con un nido acogedor, donde las manos y el cariño de la madre son su primer abrigo.

Ciertamente la madre es lo más importante para el ser humano, pero el padre es lo principal para la madre. Si no hay buenos padres, no puede haber buenas madres.

     De nada sirve que en un día como hoy el sentimiento se desborde y con abrazos y besos corramos a decir: “felicidades, mamá”, si no existe como condición indispensable el telón de fondo que da contexto a la vida.

     Y no basta decir: “a mí no me hicieron feliz”; desde el momento en que lo reconozco, tengo la posibilidad de serlo.

     Pobres de quienes no han tenido una madre. Es cierto que hay sustitutos, abuelas, tías, etc. que suplen en parte, pero nunca totalmente. 

     Por eso hoy quisiera decir al oído un pequeño consejo a cada uno: “cuida la maternidad como el mayor tesoro”.

     Niños pequeños, hombres adultos y personas ya grandes, protejan a mamá con toda le ternura de que es capaz su amor.

     Hombres casados: ustedes son encargados de atender y vigilar amorosamente, para que la mujer que han elegido como esposa sea madre de verdad.

     Jóvenes que empiezan con pie derecho la vida, es tiempo de recapacitar y poner bases firmes a un amor que debe durar para siempre y dar frutos lozanos de vida.

     Niños y niñas que empiezan la vida: también pueden  reflexionar que un mañana serán padres o madres, si saben cuidarse y esperar el tiempo propicio del amor. No es necesario correr, no hay que quemar etapas, primero hay que estar seguros de cuánto van a crecer.

     Hoy todos podemos decirnos a gritos: ¡FELICIDADES, MAMÁ!, porque el amor de Dios está en tus manos, si eres mujer; y si eres hombre también participas en alguna forma de ese amor que sabe ser ternura, atención cuidado, providencia, como la da Dios.

     Jóvenes y niños, personas maduras y ancianas, todos tenemos un destello del amor divino que se reparte a cada uno, porque Dios es padre y madre a la vez, y con su amor nos participa de ese privilegio divino.

— Equipo Renovación, tomado del Informador
Renovación Año 5 – Edición 22