Justificados libremente por la Gracia de Dios

La gracia nunca es puesta en el contexto de algo que hemos merecido por nuestro propio esfuerzo, sino sobre la base de Romanos 1:18-3:20 que describe nuestra ruina completa en el pecado. La gracia siempre debe de ser enfocada con la realidad del pecado personal en mente. Sin la profunda convicción del Espíritu Santo no entendemos nuestra necesidad de la gracia de salvación de Dios. La salvación puede ser sólo por la gracia “ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él, porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20). 

Somos salvos por la gracia inmerecida. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe “ (Efesios 2:8-9). La gracia de salvación de Dios es un regalo que es recibido sólo por la fe en Jesús, aparte de cualquier mérito humano. No merecemos la gracia, la única cosa que merecemos es la ira justa de Dios sobre nosotros por  la eternidad. La gracia hace a los pecadores humildes ante sus propios ojos y como pecadores  odiamos ser humildes.

La gracia pone a cada uno al mismo nivel ante los ojos de nuestro Dios Santo porque nadie es menos pecador que otro. Todos pecamos ante Dios por lo que no toma más gracia la salvación del pecador notorio. La gracia de salvación de Dios es la demostración de Su amor infinito. El sacrificio de expiación de Cristo Jesús propicia y descarta para siempre nuestros pecados. Nuestros pecados pueden ser tratados sólo sobre la base de la muerte de Cristo como redentor de nuestros pecados. (Romanos 3:23)

La gracia es encontrada en Dios por la obra de salvación de Cristo en la cruz. Es por eso que John Newton lo expresó tan maravillosamente en el himno “Sublime Gracia.” La gracia de salvación nos enseña que la salvación es aparte de cualquier mérito humano de cualquier clase y es para todos.

¿Ha abierto usted su corazón y ha respondido a la gracia gratuita de Dios? No hay ningún pecado que usted alguna vez haya cometido demasiado grande para hacer que Dios se aleje de usted. No hay ningún pecado que disminuya la abundancia de la gracia que Él libremente da a los pecadores que confían en Jesucristo como su Salvador. Decídase hoy y acepte la gracia de Dios.


Tomado de Permaneced en Cristo
Renovación Año 5 – Edición 37